La autoestima es la suma de la confianza y el respeto por uno mismo. Ella refleja el juicio implícito que cada quien se forma respecto a su propia habilidad para enfrentar los desafíos (comprender y superar sus problemas) y su derecho a ser feliz (respetar y defender sus intereses y necesidades). El concepto de sí mismo afecta los sentimientos y la conducta.
La autoestima no es lo que otros piensan o sienten sobre mí. La autoestima no es comparativa ni competitiva. La genuina autoestima no se expresa por medio de la autoglorificación a expensas de los otros, por el afán de ser superior a los otros, por el afán de ser superior a los otros o de rebajarlos para elevarse uno mismo. Una persona con autoestima saludable no está en guerra, ni consigo misma ni con los demás.
Nuestro proceder en los diversos aspectos de nuestra vida (como parte de la familia, de una pareja, de un grupo escolar, de un trabajo, etcétera) depende de quiénes y qué pensamos que somos. Por lo tanto, la autoestima es la clave del éxito o del fracaso.
Desarrollar la autoestima es desarrollar la convicción de que uno es competente para vivir y digno de ser feliz y, por lo tanto, equivale a enfrentar la vida con mayor confianza, benevolencia y optimismo. Con autoestima nos inclinamos a tratar a los demás con respeto y buena voluntad, ya que no los percibiremos como amenaza.
La mayoría de las personas buscaban la autoconfianza y el autorrespeto en todas partes menos dentro de ellas mismas. Hay que considerar que el aplauso o el reconocimento de los otros no genera nuestra autoestima; tampoco lo hacen el conocimiento, la destreza, las posesiones materiales, el matrimonio, la paternidad, las obras de beneficiencia, las conquistas sexuales, ni las cirugías estéticas.
El proceso del desarrollo de si mismo se inicia a edad temprana. El recién nacido experimenta la satisfacción y frustración de sus necesidades y deseos; una vez que empieza a desplazarse, establece imágenes de él mismo que están relacionadas con las conductas aprobatorias y desaprobatorias de las personas importantes para él.
El niño tiene poca o ninguna organización yóica: no tiene yo corporal, yo social, yo material, ni límite entre yo y no yo; aún no establece la diferencia entre su curpo y el de los demás.
Como a los dos años, comienza a tener conciencia de los demás por separado; a los cinco años, su yo no está todavía diferenciado firmemente.
El yo se desarrolla a través de la gama de experiencias, frustraciones y complicaciones emocionales.
El yo es la imagen y la impresión que se tiene de la propia conducta y el efecto que causa en los demás; es la identidad, la relación entre uno y el medio social.
El yo tiene tres diferentes fases:
Yo corporal. Es la concepción que poseemos sobre nuestro propio cuerpo, incluyendo los sentimientos respecto a él.
Yo moral. Está vinculado con las normas y valores que predominan dentro de una sociedad o una cultura determinada en la que se vive.
Yo social. Es la interacción social que contribuye a la formación del yo y es determinante en el autoconcepto y el desarrollo de la conducta, así como para desempeñar papeles.
El yo es el valor que cada persona se atribuye a ella misma después de que nace. Todo ser humano recibe estímulos del medio ambiente que le ayudan a formarse un concepto acerca de su valor como tal. Algo tan simple como la forma de llevar al bebé en brazos, la cual comunica al pequeño el grado de amor y de aceptación por parte de sus padres.
Los padres que estimulan a sus hijos y los hacen sentirse amados, los ayudarán a adquirir una autoestima alta que les permitirá ser emprendedores, correr riesgos, confiar en ellos mismos y establecer relaciones armónicas, con lo cual tendrán muchas posibilidades de convertirse en adolescentes felices y satisfechos.
Por otra parte, los padres que ridiculizan, menosprecian o no manifiestan amor a sus hijos les fomentan la flasa idea de que no son seres valiosos, ni queridos, ni dignos de ser felices y disfrutar la vida. Esto crea una autoestima baja y provoca que la persona sea insegura, que no crea en ella misma, que continuamente sienta que no merece ser feliz, que establezca relaciones conflictivas con la gente y que adopte el papel de víctima.
Los adolescentes que arrastran una autoestima baja desde su infancia deben hacer poderosos esfuerzos por robustecer el concepto que tienen acerca de ellos mismos. En estos casos, la consulta con el terapeuta puede ser muy importante para la vida y el bienestar del futuro joven.
El desarrollo de sí mismo comienza con los primeros contactos del niño con las figuras significativas para él. Es así como también se va formando la identidad; buscarla es parte de la experiencia humana en todas las etapas de la vida.
La identidad responde a preguntas como quién soy y qué soy; es una relalidad que se construye constantemente a partir de algo dado como el sexo, la raza, la nacionalidad, el nombre, los rasgos particulares, todo lo cual se recibe desde el nacimiento, pero depende también de la iniciativa individual y de las relaciones interpersonales. Se supone que la identidad es un aspecto reflexivo: es la representación que el sujeto tiene de él mismo.
Durante la adolescencia se manifiestan una serie de cambios fisiológicos y emocionales por lo que el adolescente puede reaccionar ante los mismos eventos de diferentes maneras, dependiendo del ambiente social y cultural en el que se encuentre.
Se dice que la conciencia de sí mismo del adolescente se desarrolla en dos planos:
La concienci adel sí mismo respecto al otro (tiene necesidad que los otros lo conozcan, busca conquistar su estima y admiración).
Toma conciencia de una vida íntima y secreta que lo impulsa al aislamiento en algunos casos.
En la edad adulta el yo se ha extentido y ampliado. El individuo tiene la capacidad de aceptarse e interesarse por sí mismo y los demás, así como de aceptar fracasos y éxitos.
La autoestima se comprende mejor como una victoria en la evolución de la conciencia, base de la serenidad que hace posible disfrutar de la vida.
Las principales características de tener una buena y una baja autoestima son las siguientes:
Buena autoestima:
Actuará independientemente.
Asumirá sus responsabilidades.
Afrontará nuevos retos con entusiasmo.
Estará orgulloso de sus logros.
Demostrará amplitud de emociones y sentimientos.
Tolerará bien la frustración.
Se sentirá capaz de influir en otros.
Vivirá conscientemente, es decir, se percatará de sus acciones, objetivos, valores y metas.
Aprenderá a aceptarse.
Se liberará de culpas.
Vivirá responsablmente, lo cual significa ser el principal agente causal de su vida y de su conducta.
Vivirá auténticamente, lo que significa coherencia entre el sí mismo interior y el sí mismo que se manifiesta al mundo.
Baja autoestima:
Críticos consigo mismos.
Autoexigencia.
Actitud perfeccionista.
Temor a cometer errores.
inseguridad para tomar decisiones.
Muy sensibles a la crítica.
Sentimientos de culpa.
Estado de ánimo triste.
Actitud de perdedor.
Constante necesidad de llamar al atención.
Actitud retraída y poco sociable.
Necesidad de agradar a los demás.
Necesidad imperiosa de aprobación.
Exigentes y críticos con los demás.
Focalizar en lo negativo.
Pensamientos de todo o nada.
Adivinación y uso frecuente del "debería".
Poner etiquetas (razonamiento emocional).
Descalificación de las experiencias positivas.
Obstáculos que los padres crean para el crecimiento de la autoestima de sus hijos:
Transmitirle al niño que no es suficiente.
Ridiculizarlo y humillarlo.
Ignorar los sentimientos y pensamientos del niño sin darles importancia.
Obstaculizar la creación de la confianza en él mismo al sobreprotegerlo.
Educar al niño con normas contradictorias y confusas.
Utilizar violencia física o verbal en su educación, creando temor en el niño.
Una forma indirecta de reconocer la autoestima es por medio de un ejercicio que se llama "carta a un amigo", en donde el amigo es uno mismo. La carta se escribe en tercera persona y contiene los siguientes incisos:
Lo que pienso de ti.
Lo que siento por ti, y
Los compromisos para incrementar nuestra amistad.
Hemos realizado este ejercicio en varias ocaciones y daremos a conocer algunas cartas de jóvenes como tú.
Estas cartas están transcritas tal y como los jóvenes las escribieron. Todos son estudiantes.
Primero que nada quiero decirte que pienso que eres una persona que no se muestra tal como es por miedo a que en un momento te lastimen; sé que debes ser una persona que no se deja influenciar fácilmente y a la que es muy difícil mostrar tal como eres. Siento que te quiero mucho y que aún así necesitas mucho amor, sé que te gusta que te demuestren que te quieren. Sé de tus cualidades y tus defectos (los cuales piensas que son más defectos que cualidades). Estos son: eres muy reflexiva, no te dejas influenciar, sabes diferenciar lo que está bien de lo que está mal, sabes aprender de tus errores; tus defectos son: no puedes expresar tus sentimientos, sientes que no le agradas a los demás, no estás a gusto de tu aspecto.
Has logrado pocas cosas (para ti); éstas han sido el ser una buena estudiante, ser obediente, haber llegado hasta la prepa; tus fracasos: piensas que son el hecho de reprobar materias (siendo que hasta la secundaria salías en el cuadro de honor), no gustarle a nadie, no tener tiempo para todo lo que tienes que hacer. Por último quiero que fortalezcamos nuestra amistad. Yo te prometo ayudarte a que superes tus miedos y vuelvas a tener la confianza que siempre has tenido de afrontar las cosas.
Hasta pronto.
P.D. ¡Tú puedes!
Femenina, 16 años.
GORAB ALICIA E IÑARRITU MARÍA. Trastornos de la conducta alimentaria. Anorexia y bulimia. Colección ¿Cómo ves?. ISBN 970-32-2640-X . UNAM.
